martes, 29 de julio de 2014

Rosa En El Desierto 05 [FanFic]

Escrito por Engydragon
Traducción por Eleanor-Devil

No me dejes

La noche había caído sobre el reino de Eithya y el frío del verano, viajaba sin obstáculos a través de los estrechos callejones y por las calles de la ciudad, encontrando algunas personas sin dormir…La luna llena estaba alta en el cielo y las estrellas brillaban más que nunca esa noche.
Era un hermoso espectáculo para ver, acompañado por el suave sonido del viento en los árboles y las pequeñas luciérnagas como pequeños espíritus inquietos, se despertaban y luego se desvanecían, mientras vagaban por el jardín real…todo daba una atmosfera mágica que solo la noche podría ser implementada. Un espectáculo que nadie no podía evitar quedarse hechizado, el encanto de la naturaleza.
La princesa del reino de Eithya lo sabía bien, a menudo admiraba desde su ventana de su habitación, todo lo que la naturaleza de la noche le ofrecía como espectáculo.
Sus grandes ojos estaban fascinados con todo, era la única cosa no monótona y aburrida de todo lo que se pasaba en el palacio, y cada vez que la noche caía en el sofá apoyado en la ventana, ella admiraba la belleza de la noche y se quedaba siempre extática.
Esa noche, sin embargo, Kabalé estaba molesta, ella sabía que su padre había tenido hoy un encuentro con el Sultán del reino de Daya y durante todo el día no había hecho nada más que sonreír para ella y hacerle grandes discursos sobre la responsabilidad que tendría en el futuro…diálogos que nunca hablaba antes, porque era demasiado acariñado a ella para pensar a eso…
¿Mi princesa, no tenéis sueño?” la voz clara y profunda de Demitrius
Kabalé no se dio la vuelta y siguió imperturbable a mirar por la ventana, observando la danza de las luciérnagas bajo la luz de la luna.
¿Qué haces aquí?” preguntó ella fría.
Le oía suspirar de tormento.”
Y qué, no es la primera vez que me escuchas.” concluyó seca.
Es verdad, suspiráis durante toda la noche” dijo él juguetón
¡No seas sarcástico Demitrius!” la voz de Kabalé era como mil cuchillos afilados y penetrantes.
Demitrius no intervino más, pero se mantuvo en la jamba de la puerta a mirarla.
Kabalé lo miró por el rabillo del ojo: “¿Por qué no duermes?”, “Usted sabe que tengo que estar listo para cualquier cosa…y vuestros ordenes” entró en la habitación sin ni siquiera el permiso de la princesa, para ella ya era normal, ella confiaba en él, pero nunca perdía arrogancia real.
Demitrius puso sus manos sobre los hombros y apoyó su barbilla en la parte superior de la cabeza de Kabalé. Esta puso sus manos sobre las manos ásperas de él y se dejó descansar en su pecho.
¿Cualquier orden que quiera?” preguntó ella retóricamente, ya sabiendo la respuesta del servo. Volvió la cabeza y lo miró con sus grandes ojos amarillos.
Este le acarició con sus labios los de ella, dejándola vibrar de placer, y haciendo sus manos correr largo del delicado rostro de la princesa.
Continuó así durante un segundo, pero no pudo resistir mucho más y empujó sus labios contra los rojos y carnosos de Kabalé.
Si alguien los viera, él seguramente habría pagado un alto precio, pero el amor no podía ser comandado y Demitrius no era capaz de quedarse sin ella, tenerla en sus brazos y saborear cada beso. ¡Le habría echado de menos!
Los besos continuaron ardientes y abrumadores, hasta que Demitrius recogió la princesa, sin el menor esfuerzo, porque ella tampoco se resistió, antes por el contrario, lo miraba con dulzura y le parecía que sólo con sus ojos lo incitaban.
Él le devolvió la sonrisa, mientras que poco a poco la dejaba caer sobre la cama grande. Ella le acariciaba el rostro con las yemas de los dedos tocando cada característica, luego el cuello y el pecho, parándose en el borde del cuello de la túnica de servo que llevaba Demitrius.
Kabalé le dio una mirada llena de deseo y él, respondiendo como un orden, inmediatamente se quitó la túnica, quedándose desnudo sobre ella. Cuando los dos cuerpos se tocaron, ambos fueron infundidos con explosiones de placer por toda la espalda y Kabalé se agarró instintivamente al cuello de Demitrius.
La princesa no era espontanea en algunos gestos, porque no le gustaba mostrar demasiado el afecto y por vezes rechazaba algunos actos de amor por parte de Demitrius. Pero ambos habían aprendido a conocerse uno al otro y ahora se dieron cuenta de que el amor uno por el otro los compartía, no querían abandonarse a pesar de que sabían que esto no era cierto, pero apenas para un mundo basado en prejudicios estúpidos y falsas verdades.
Demitrius hizo lo mismo y la puso en sus brazos fuertes, se acostó a su lado con ella.
Kabalé se detuvo para mirar y se perdió en esos grandes ojos marrones como él ébano, dos grandes perlas establecidas en esa hermosa cara. Su pelo oscuro y revuelto hacia arriba, hacían cosquillas en los dedos de la princesa, quien acariciaba lentamente.
Él tocó sus mejillas y la abrazó más fuerte contra si, haciéndola soltar un pequeño gemido de placer. Él sonrió casi satisfecho, como si para él verla temblar, fuera una satisfacción.
Empezó a mover el montón bordado y sedoso y la besó en el hombro derecho, dibujando pequeños círculos con la lengua.
Kabalé bajo esos besos, gimió y estremeció de placer, y con velocidad, movió su pierna derecha en la cintura desnuda de él.
Él sonrió maliciosamente y movió sus labios hacia el cuello suave de Kabalé. Con la mano volvió a recorrer la mista ruta de los labios y con entusiasmo saboreó el olor y la suave piel de su amada, que sentía inquieto y a suspirar.
Pero ella no quería permanecer bajo el control de esos maravillosos besos y con seguridad, hizo Demitrius tumbar en la cama y se sentó a horcajadas sobre él, por supuesto hasta donde su vestido la dejaba ir.
Pero quitarlo, no sería buena idea, porque se sentía un poco insegura. Cada vez que se veían, incluso de noche cuando todo el palacio dormía, ella tenía la sensación de que alguien podía verlos y temía el castigo que podían infligir a su amado Demitrius.
Él además de sólo quedarse y hacerla feliz, haría cualquier cosa, pero era esto que la preocupaba.
Demitrius notó los ojos inquietos de Kabalé, mientras una sonrisa en su rostro, trataba de desdramatizarla, pero en vano.
Ella se apoyó en las piernas y él se puso de manera a poder sentarse y acariciar el rostro blanco de la princesa.
¿Qué os preocupa?”. Ella sacudió la cabeza, volviendo la mirada hacia la ventana. Pero él se movió de nuevo sus ojos ávidos por una respuesta: “¿Kabalé?”
Ella esperó unos minutos. No le gustaba nada el aire que se respiraba en el palacio en estos días y sentía que en las paredes, habitaciones y jardines del palacio, se convirtieron demasiado secretos que no podía revelar que ella no conseguía desvendar después de su padre haberse reunido con el Sultán del reino del Sur.
Y luego…tenía miedo por él, su amor. Demitrius había ya arriesgado varias veces ser visto con ella, y muchas de esas veces él había cogido tantos latigazos que rompían su espalda. Sin embargo, decía que estaba bien y que mientras estuviera con ella sería feliz…¡pero ella no lo era! Él no entendía que se moría por dentro cada vez que veía su piel rota de esa manera, ¡llena de cicatrices!
Le puso una mano en el pecho de Demitrius, donde pasaba una cicatriz larga y profunda. Sentía como si esa parte de la piel si trataba de una transfiguración no humana infligida en su piel, ¡llena de odio y estupidez hacia su propia clase!
La tortura guerra fue inventada sólo por los seres humanos y el es más horrible y repugnante, sólo el hecho de que había pensado en algo como eso, a veces hacia un ser humano aún más inferior a un humilde animal.
Demitrius sintió la mano de Kabalé acariciarle le cicatriz en su pecho, pero él la detuvo dándose cuenta de lo que estaba pensando en su miente.
No piense en ciertas cosas…por favor”, “¡¿Y cómo puedo no hacerlo?! ¿¡No entiendes mi dolor!?” dos lágrimas rolaron por el rostro de Kabalé.
Demitrius se quedó en silencio e se limitó a secar con el dorso de su mano las lágrimas amargas, que tanto odiaba ver caer por el rostro de su amada. Él quería que ella fuera feliz, pero algo andaba mal, pero tampoco quería estar lejos de ella: “Ya sabes que no puedo prometerle eso…yo la amo” Kabalé miró hacia abajo con resignación: “Lo sé, pero no puedo hacerlo y luego…”, “¿Qué?”, “Mi padre está extraño y ¡siento que todos en el palacio me esconden algún secreto!” Demitrius miró profundamente en sus ojos: “¿Duda también de mi?”, ella sonrió dulce: “Nunca de ti” y lo besó en los labios ansiosamente, buscando el contacto con la lengua. Demitrius acogió el beso y abrió los ojos, dejándose arrastrar.
En poco tiempo se separaron para respirar: “Yo siempre estaré a su lado, mi princesa.”, “¡Pero tú sabes que no podrá ser así!” concluyó Kabalé dolida, “¡Lo sé! Pero usted no piense en ello, disfrute de estos momentos, si usted cree que todo realmente terminará, pero sobre todo no se arrepienta, ¡si lo que hace la hace feliz!” Kabalé sonrió, pero no consiguió ocultar las lágrimas que cayeron sobre la mano de Demitrius sin resistencia. “Me gustaría poder hacerlo…” él suspiró: “¡Esos secretos la persiguen?”. Kabalé asintió.
¡No pasará nada! Le prometo.” pero rápidamente cerró los labios, e Kabalé se percibió rápidamente y supo porque lo había hecho: “¿Tu sabes de lo que se trata?”. Demitrius no podía mentir, la princesa había adivinado. Él negó con la cabeza: “No es por mí que usted deberá saber.” en el rostro del joven se formó una leve tristeza, pero que Kabalé no consiguió ver, ya que se levantó y se dirigió de nuevo al sofá delante de la ventana.
Demitrius se quedó sentado en la cama por unos momentos, mirando a la princesa que amaba en los últimos momentos de una noche de verano…
Decidió vestirse, antes que alguien pudiese entrar en la habitación. Él sabía esos secretos y esos lo herían, mucho. Quería hacer la princesa más feliz que cualquier otra persona en el mundo en estos últimos días porque esos secretos ocultaban algo doloroso y conmovedor para el delicado corazón de Kabalé.
La mirada de la joven miraba por la ventana, pero parecían atentos a los pasos de Demitrius juntamente con sus oídos, para entender cada movimiento y respiración tuya.
Él, se movía por la habitación, sin saber si debería ir por su princesa o dejarla como estaba en sus pensamientos. Ella no estaba bien y eso él había notado hace poco, pero cuanto más trataba de consolarla, más parecía que sufriese, y eso le molestaba también.
Kabalé lo miró: “No me dejes, Demitrius.”, su voz parecía sonar más como un pedido y no como un orden.
Él se despertó de sus pensamientos y le sonrió de la manera más sincera, los que eran apenas para ella.

En la mañana siguiente, Kabalé dio cuenta de que sólo había dormido algunas horas y sus ojos no encontraban razón para permanecer abiertos. Se movió y se dio cuenta de que estaba acostada en la cama de su habitación. La última vez que se recordaba se había quedado dormida en el sofá junto a la ventana…’Demitrius’, sonrió.
Era único en el mundo y ella tuvo la suerte de haberlo conocido. Su amor era único y esperaba que pudiese continuar para siempre, también escaparía de esta vida para estar con él.
Entre la luz suave de la mañana, vislumbró Demitrius, recostado contra la jamba de la puerta sin siquiera notar el despertar de la princesa. Se veía muy cansado. Una noche como esa, Kabalé no quería más pasarla con él, pero tal vez era sólo culpa suya y de todos sus tormentos, tal vez eso la estaba alejando de él…
Se puso de pie y caminó hacia Demitrius. Puso una mano en el hombro izquierdo y poco a poco se acercó a su oreja: “Buenos días mi amor.” Su voz sonaba más serena.
Él se volvió un poco y respondió con un beso corto y rápido, un beso prohibido y oculto. Kabalé lo saboreó con placer sin embargo: “En poco tiempo llegarán, será mejor para ti si no te encuentren” le advirtió, pero siempre con una sonrisa. Él asintió con la cabeza, y después de un beso en la mejilla apresurado caminó por el pasillo.
Ella volvió hacia su cama esperando la llegada de las esclavas para ayudarla a prepararse y a prepararle el baño y, de hecho, pocos minutos después ya todas estaban en la habitación organizando todo y hablando sin parar, mientras Kabalé, aunque parecía impasible, sentía cada chisme de las esclavas que preparaban la habitación y le trataban del pelo.
Se hablaba de esto y del otro y de la vida en el palacio, tratando de no hacer ningún comentario negativo sobre ella, sin embargo, porque la princesa podía oír. De vez en cuando, sentía chismes bajos y secretos por parte de las esclavas más jóvenes che hablaban de otros siervos y entre ellos surgió también el nombre de su amado. Hablaban como era encantador y Kabalé se sentía un poco celosa, sino también la suerte de que él estaba enamorado apenas de ella. ¡Nadie lo tomaría lejos de ella!
Después de este madrugador ritual, junto con dos esclavas Kabalé fue acompañada a la gran sala de la familia para el desayuno.
Era una habitación preciosa, hermosa de verdad, cubierta de tapices, grandes tiendas, muebles de ébano y decorado con diseños de hojas de oro, flores y plantas de todo tipo. Alrededor de la sala, bailaba una grande luz de los primeros rayos de sol del nuevo día, gracias a los grandes ventanales que daban a lo largo de las cuatro fuentes en el jardín del palacio. Esta habitación estaba situada en el lugar más tranquilo en el palacio, porque era la hora en que se suponía que todo debería empezar en el mejor e incluso en absoluta tranquilidad. De hecho, ni el Sultán y sus siete esposas hablaban de los deberes reales o de malas noticias provenientes del reino, pero se hablaba de cómo habían pasado la noche, los sueños que tenían e Kabalé amaba estar con su familia, pero con frecuencia casi todos decían frases misteriosas como las de su padre y ella apenas movía la cabeza sólo porque sabía que no le darían más respuestas. Todos lo hacían, excepto sus diez hermanos, cinco niñas y cinco niños. Todos de edades diferentes, pero sólo Kabalé era la mayor entre ellos. Ella era la favorita del Sultán, su primera hija.
Apenas llegó se sentó cerca de su madre, aunque todas ellas lo eran esta era su biológica y sentía que con ella tenía una relación más profunda y esto se lo imaginaba también para sus hermanos.
No había preocupaciones por el espacio, la habitación, aunque podía parecer pequeña, era muy, muy grande, de hecho inmensa y llena de muebles, almohadas, tapices, alfombras, cortinas y mesa, podía parecer que sí.
Miró hacia sus hermanos (o medios hermanos): todavía había alguien que tenía los ojos cerrados por culpa del sueño y otros que por otro lado intentaban mantener con sus manos, sus pequeños párpados para se quedaren despiertos. Otros estaban tirados en unos almohadones de seda y se dormían mientras de vez en cuando sus madres les sacudían para despertarlos.
Amir y Amilla los dos gemelos se ayudaban entre sí a mantenerse despiertos, pellizcándose de vez en cuando, porque no les gustaba ser despiertos por su madre por culpa del sueño, aunque por veces lo intentaban, ¡pero Kabalé gustaba demasiado de esos dos plaguitas! Ambos tenían doce años, pero parecían tener apenas siete…
Luego estaba el grupo de villanos que constaba de cuatro niños de siete, ocho y nueve años: Amid, Bashir, Asiya y Amina. Luego estaban las dos hermanas de once y diez años, las dos niñas que tocaban muy bien arpa: Jamila y Kamila. Por último, los destructores de seis años, nascidos de madres diferentes pero en el mismo día: Fares y Jaber.
Con Kabalé eran un buen grupo de once hermanos, irrompibles y muy, muy animados.
Eran una familia grande, no hay duda, pero en una familia puede haber problemas o secretos, como los que Kabalé estaba viviendo.
Su madre le acariciaba los cabellos y le hacia una sonrisa dulce, como las que sólo una madre puede dar.
Afortunadamente para la princesa, hoy en el desayuno nadie había sacado a la luz esas misteriosas e inquietantes frases para ella y por lo menos un poco, se sintió aliviada.
Por la tarde, decidió visitar los jardines para tomar un poco de sol, pero siempre acompañada por una esclava y esto un poco le molestaba. ¿Porqué Amir, el más grande de sus hermanos, podía correr libremente sin un siervo y en su lugar ella tenía siempre que tener una sombra detrás de sí? El único lugar donde podía estar sola era en su habitación…
En un momento decidió hacerlas dejarla y el único lugar donde estaba tranquila era en su habitación y ¡apenas entró en el palacio, corrió hacia él y cerró la puerta rápido!
¡Rayos por correr unos pocos metros ya estaba toda sudada! ‘Que caliente está’, concluyó, secándose la frente con la palma de su mano.
Decidió tomarse un baño y se sumergió en la bañera de mármol y suspiró de alivio. El agua estaba fría y no podía no agradecer de tener una bañera en su habitación.
Oyó unos pasos.
Se volvió hacia la entrada y vio una figura familiar: “¿Estáis aquí?” una voz profunda resonó en la habitación.
Ella sonrió: “En la bañera”.
Os envidio en este momento mi princesa.”
¿Por qué?”
¡Podéis disfrutar de un baño de agua fría para distraer la atención de este calor sofocante!”
¿Por qué no te sumerges también?”
No, mejor no. En el palacio hay demasiado movimiento…”
Ella asintió con la cabeza y le entregó una toalla. Él comprendió de inmediato y se sentó en el borde de la bañera, empezó a enjabonarle su espalda con cuidado.
Kabalé relajó en cada movimiento circular que Demitrius hacia sobre sus hombros hasta la cintura.
Descendió lentamente por sus brazos y, ocasionalmente, le besaba el hombro, y luego su cuello, luego el otro hombro…¿cómo podría vivir Kabalé sin esos besos? Esos maravillosos besos…
Se lo preguntaba todos los días pero nunca encontraba una respuesta…se volvió hacia Demitrius y le tomó la cara entre sus manos y colocó sus labios sobre los de su amado.
Él la tomó bajo sus brazos y la tiró con firmeza hacia sí mismo, dejando el cuerpo de Kabalé si colocase sobre el suyo con cuidado.
Kabalé continuó a besarlo, como si él le hubiera echado de menos por mucho tiempo, y tal vez le habría echado por una eternidad si supiera lo que esos secretos ocultan…
Abrazó su cuello, mientras él la tenía apegada a sí, con las manos en su espalda y en su cintura.
Kabalé tenía una vida maravillosa, una familia maravillosa y buen y justo padre. Todo lo que quisiera, lo tenía, pero por alguna razón había cosas que no podía tenerlas al solo pedirlas, pero haciendo sacrificios y muchas veces sufriendo y preguntándote si lo que haces es correcto o no, no sabes si oír tu corazón o la razón. A veces ni siquiera vale la pena preguntárselo, ya que por un lado es cierto: no te arrepientas si lo que haces te hace feliz…


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Esperamos vuestra opinión :)

8 comentarios:

  1. Esta muy bueno... espero con muchas ganas el próximo capítulo

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    1. Ambas te damos las gracias! Esperemos que continues a leer el fic

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  2. La verdad es que Kabalé no me interesa mucho, pero gracias igualmente!

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    1. Tienes que entender que la historia no será apenas sobre Raf y Sulfus, otros personajes también tendrán que tener destaque y Kabalé será muy importante

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  3. Una historia de solo Raf y Sulfus no llama, tiene que haber más personajes y todo eso.
    Amo vuestra historia!

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  4. Quiero saber algo del blog como colocaste debajo de la imagen de entrada eso que dice: pagina principal , historia, lugares, etc.
    Seria de mucha ayuda si me dijeras.

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    1. En diseño, añadir gadget y poner el apartado de páginas después arrastrar el gadget hasta debajo del título, ya solo tocaría escribir páginas

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